Reflexiones vínicas de un viernes por la noche

¿Por qué comunicamos el vino?

Antes de seguir, le pregunto a Google respecto a la definición de la palabra “comunicar”, y él me responde: Hacer saber una cosa a una persona. Hacer saber… Mediante un código, ¿no? A ver, no soy especialista en Comunicación ni nada por el estilo. Pero hago esta reflexión porque en el último tiempo me empezó a interesar mucho este tema, por el lado de la Sommellerie y, más específicamente, de la comunicación de los vinos.

Y como kinestésica que soy, luego me empecé a ir muy por el lado sensorial y emocional -dos temas muy ligados también al mundo del vino.

Todo este recorrido me llevó a la siguiente pregunta: ¿Cómo hago para comunicar el vino sin sobrepasarme de tecnicismos ni caer en ambigüedades? ¿Cuál es el punto medio?

Me acuerdo de cuando estudiaba para Sommelier, hace 10 años atrás, e intentaba acercarme a las revistas especializadas de vino, leyéndolas, recorriendo las notas de cata… Y todas, en un punto me resultaban lo mismo. Es un poco fuerte lo que digo… Pero es lo que me pasaba y sentía en ese momento. Y me acuerdo que pensé: ¿Cómo podemos hacer para llegar a las personas? Si esto que leo veo que no me llega ni siquiera a mí…

Y si comunicar es hacer saber algo a una persona, ¿cómo le hago saber el vino que tengo? ¿Y cómo aquella me hace saber lo que quiere? Por ahora, la única respuesta que tengo es: Con conocimiento. Y me animo a decir que ¡es como en todo eh! (O al menos casi todo)

Lo que me lleva a la siguiente: ¿Cómo llego a ese conocimiento? -tanto como comunicador/a como consumidor/a. Bueno, una manera que se me ocurre es conociéndonos primero nosotros mismos. Nuestros gustos (me gustan los sabores más suaves/mas fuertes), nuestros objetivos (para una cena especial/consumo diario/aperitivo), nuestra sensorialidad (me encanta cuando un vino me seca la boca/cuando me deja una sensación cálida).

Luego, las palabras como tanino, cuerpo, acidez, fruta negra, nos van a resultar más familiares y cercanas… Porque al fin y al cabo, ¡forman parte de nosotros! Así como en un momento aprendimos a leer e interpretar un texto, también podemos aprender a detectar la acidez y su intensidad… Y así, saber tanto comunicarla como descifrarla.

¡Espero que les haya gustado la reflexión! Los leo en caso que deseen compartir algún pensamiento 🙂

 

Salú!

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