Quién no se ha tomado todo el vino?

Hace unas semanas atrás leí en el artículo de un diario nacional, un dato importante (pero que no sorprende): el consumo interno de vino llegó a su mínima histórica. Aparentemente, a lo largo del 2018, el consumo anual fue de 18 litros per cápita (aprox). Por qué no sorprende? Porque a lo largo de los últimos años viene cayendo lenta pero sostenidamente, con alguna que otra meseta.

Y uno se pregunta: por qué?

El escenario es complejo: la inflación, cosechas problemáticas, mayor preocupación de la gente por un consumo más sano o más racional del alcohol, aumento del consumo de bebidas alternativas (cerveza principalmente), el boom de las cervezas artesanales, etc. Pero creo que hay un factor importante, que calladamente vengo observando hace años ya, desde que estudié la carrera de Sommellerie en el 2009: la comunicación y publicidad del vino. Y al leer la nota de Reka Haros, «Why Wine Communication Sucks» (Por qué la Comunicación del Vino apesta -claramente, es un fenómeno mundial), pensé «bravo!». Al fin alguien que dice las cosas sin vueltas. A medida que fui leyendo el artículo, fui sintiendo cómo esta mujer me sacaba las palabras de la boca. Y a continuación, me pregunté: Por qué no empiezo a escribir yo sobre mi forma de ver la industria del vino? Tengo una mínima experiencia en venta, tengo estudios y años en producción, y tengo amigos de todas las culturas y gustos. Básicamente, poseo una cultura general del tema bastante importante! Fuck it, como dicen los gringos (y muchos australianos y kiwis).

La comunicación del vino realmente apesta. Incluso a mi me huele mal. Me agota, me dan ganas de dejarla de lado, o de guardarla en un cajón perdido de la casa, que es casi lo mismo -aunque con la diferencia de que uno no juega con la propia conciencia, que a veces te reta por hacer cosas que supuestamente no debés. Pero es que en serio, de no ser tan apasionada por el vino, no andaría leyendo sobre tal o cual botella, que proviene de tal o cual terruño, y por ende tiene tales y tales características.

Por el contrario, si fuese alguien que está tímidamente entrando a una vinoteca, y le preguntase al vendedor de turno qué tiene para recomendarme, quisiera que me ofrezca algo asegurándome que me va a gustar, que me diga cómo me va a hacer sentir, no qué es lo que tiene. Porque yo le voy a decir al vendedor: «Escuchame, la última vez que tomé un vino era un tinto pero me pareció demasiado fuerte y no me gustó, la pasé mal, y al final me terminé tomando una birra.» Si el vendedor posee conocimientos en la materia, va a saber traducir lo que quise decir, y me va a ofrecer algo más suave. Incluso, va a tener un par de botellas abiertas para que yo pruebe y me asegure de que me guste. Ya sea la botella de la semana que están intentando vender. La botella del mes. La bodega del mes. La variedad de la semana. El estilo de vino del año. Las opciones son infinitas, gente! Y te vas a asegurar una cliente, que luego les va a hablar de vos, y así la cadena sigue. Y vos solamente le diste de probar dos botellas que ya tenías abiertas desde ayer pero que pudiste conservar gracias a los dispositivos que se encuentran fácilmente hoy para tales fines.

A ver si se entiende: Para elegir el auto de mis sueños, no me dedico a investigar sobre las componentes que tiene (porque no voy a entender un carajo… y lo más importante: no me interesa entender), sino que me fijo si es cómodo, resistente, se ajusta a mi altura (ja!), si es seguro, si tiene dirección asistida (que ahora ya los tienen todos creo), bla, bla… El mensaje publicitario al momento de vender un vino debería ser también así, a través de lo que te da no de lo que tiene, a través de las emociones en lugar de hacerlo mediante los datos técnicos.

Ejemplo: este Cabernet Sauvignon de Luján de Cuyo de Bodega X, cosecha 20xx, te va a hacer quedar re bien con tus amigos, te va a sumergir en un mundo de sensaciones, bla bla, vas a querer detener la conversación de lo que sea que estás teniendo para perderte en ese mundo aromático que la copa te entrega.

O: los vinos con amigos son el mejor maridaje.

O: no esperes al viernes a abrir una botella de vino; no hace falta esperar a que llegue un momento especial para abrir una botella de vino, el momento presente ya es un regalo importante como para no festejarlo!

 

Pero en lugar de eso, estamos diciendo: este vino tiene estas y estas características, y va bien con esto, esto y lo otro. Y lo entiendo, es cierto que hay ciertas combinaciones entre comida y vino que pueden ir en detrimento principalmente del vino. Pero creo que eso viene luego. Viene cuando ya la persona en cuestión se convierte en un consumidor de vino. Cuando se da cuenta de que puede tomar vino en cualquier ocasión, y que no son solamente fichas técnicas, y que no tiene que saber sobre acidez, y terruños, cosechas, notas de cata (que muchas tal vez ni siquiera registró en su vida), etc. Una vez que logremos acercar el vino a las personas, entonces podremos mostrarle el mundo de posibilidades que hay: Chardonnay, Merlot, Syrah, Sauvignon Blanc, Garnacha, con madera, sin madera, de guarda, joven, de San Juan, de Mendoza, de San Patricio del Chañar, de Cafayate, dulce, semidulce, seco, semiseco, espumante, charmat, champenoise… A través de degustaciones, eventos, sugerencias de revistas, influencers, sommeliers, productores, etc.

Pero si queremos también invitar a aquellas personas que beben alcohol, pero que no eligen al vino, empecemos por el principio: por las emociones. Después de todo, como dijo Jill Bolte Taylor (Neurólogo experto, al cual Reka Haros también cita en su nota nombrada más arriba): «A pesar de que muchos de nosotros nos pensemos como criaturas pensantes que sienten, biológicamente somos criaturas del sentimiento que piensan.»

El vino, como la música, como el arte en todas sus formas, primero se siente y luego, en todo caso, se entiende. Comuniquemos eso! Y vayámonos luego a lo técnico, Señores.

 

Muchas gracias.

 

Nota citada: https://reframewine.com/home/why-wine-communication-sucks

 

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