Luego del sprint

Pasó ya bastante tiempo desde que escribí la última publicación. Al principio de la cuarentena arranqué cual corredora de sprint con un ritmo impresionante -aunque insostenible para mí. Porque enseguida me empecé a llenar de cosas: Además del estudio, de repente me encontré con el armado de una plataforma con cursos virtuales, la construcción un club de socios en red, la preparación de clases para alumnos particulares, el desarrollo de la materia Microbiología Enológica para un Instituto de Educación Terciaria, la consultoría de una bodega de la zona y reuniones semanales de cata.

¿A esto le llamás vida, Meli? Por ahora, si. Porque son todas cosas que me gustan -algunas más que otras, por supuesto. Pero en todas ellas hay un trasfondo vínico, incluso en el estudio de la carrera de Licenciatura en Comercialización, porque cumple con mis futuros objetivos en la industria.

Y el otro día hablando con un colega, recordé uno de los motivos por el cual me bajé del tren de los travelling winemakers para subirme al del emprendedorismo, con un perfil en todo caso más gastronómico. Así que… ¡Paso a contarlo! Aclarando previamente que lo comparto desde una arista puramente personal:

Cuando inicialmente estaba del lado del comunicador de vinos, como Sommelier, tengo el nítido recuerdo de encontrarme en un momento de mucha confusión. ¿Qué sentido tenía estudiar todo lo que estudié si no era capaz de explicar los conceptos a la salida de los márgenes? ¿Con qué fin o fines estaba comunicando? ¿Sentía realmente que estaba haciendo una diferencia en los consumidores de vino? Aunque el grupo de los mismos fuera mínimo.

Esta serie de preguntas vínicas existencialistas me llevó a tomar la siguiente decisión importante en mi vida: Estudiar Enología y Viticultura. Por lo que me fui a Mendoza (con todo lo que ello implicó, por supuesto: renuncia a mi trabajo de aquel momento, mudanza, preparación para examen de ingreso, etc.). Y a partir de allí, me empecé a relacionar con el vino desde la producción. Así es como pasé algunos de los mejores años de mi vida (posta)… Hasta que, según recuerdo, en un momento resurgió de las cenizas mi costado existencialista: ¿Qué opinarán los consumidores de vinos? ¿Qué les gusta? ¿Qué están buscando? ¿Cuáles son sus preferencias, sus oportunidades de compra y consumo? Y más allá de que son preguntas que tranquilamente puedo encontrar en numerosas encuestas y estudios realizados por consultoras varias, quise «volver al escenario», y empezar a trabajar codo a codo con los consumidores de vino (tanto potenciales como actuales). Conocerlos –no leerlos en una página de internet o en las redes.

Es así que sigo con esta idea del Club. No sé durante cuánto tiempo le seguiré dando vida la verdad. Extraño mucho estar dentro del sector productivo… ¿Tal vez el día de mañana pueda estar con un pie en ambos? Ese sería mi mayor deseo. Mientras tanto, espero poder seguir aprendiendo «copa a copa» de esas personas que disfrutan de sus dosis de vino diarias o semanales, escuchándolas, conociéndolas. Esta es definitivamente, para mí, una manera de seguir enriqueciéndome.

 

Salú!

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