La (ex) vida del Enólogo viajero

O Travelling Winemaker, como se le dice en inglés.

 

… Tan difícil como terminar una etapa, es empezar una nueva. Incluso para alguien cuya capacidad de adaptación, por el estilo de vida que tiene (tenía), llega a ser imprescindible. La vida del nómade puede ser fascinante, pero también agotadora. La dosis diaria o semanal de dopamina muchas veces se termina neutralizando con una grande y sorpresiva de cortisol. Pero como todo animal de costumbre, se termina habituando a ello. A la larga, los momentos de estrés ya son insignificantes, y los de placer… Bueno, ya no son tan placenteros. Al final, se termina cansando e incluso aburriendo de la no-rutina.

No obstante, de repente, un día le llega a la mente una imagen, un deseo: echar raíces. Plantar un árbol, escribir un libro… O un blog. Y esa idea ya no le deja disfrutar del presente que antes tanto disfrutaba. De ese Carpe Diem que los miembros de la Sociedad de los Poetas Muertos tanto añoraban. Ya lo que antes era súper emocionante, ahora da lo mismo. Ya no se pone la camiseta como solía hacerlo. Es hora de un cambio! De un cambio de tanto… Cambio. O de tanto de lo mismo?

Es entonces cuando Nostalgia y Miedo de repente se encuentran en la arena, en un combate a muerte. Dos gladiadores que lejos de sentirse intimidados el uno por el otro, luchan… Por horas, que parecen días. Gana el Miedo. Que en paz descanse la Nostalgia.

Ahora el nómade se enfrenta al inevitable Miedo. A un proyecto nuevo, personal, suyo, de él. Tiene que tomar una decisión. Y apuesta por él. Por su idea.

Una idea que viene amasando hace tiempo ya. Pero por otro lado, se siente tan fuera de lugar, que al primer intento, se siente incómodo. Y aparece el fantasma de la Nostalgia… Lejos se ven, se sienten, ahora aquellos largos días (y/o noches) en bodega, checkeando fermentadores, ingresando la uva a la zona de molienda, haciendo las correcciones correspondientes, inoculando jugos y mostos, repasando los remontajes, probando mezclas, etcétera de etcéteras.

Sin embargo, el Miedo le aplaude en la cara: «Che, te queda un montón de trabajo por delante -acordate del objetivo número 1 que te propusiste! Ese que se te transformó en un mantra.»

Es cierto. Tiene un objetivo claro. Es solamente ese maldito fantasma que a veces le nubla la vista. Por suerte, sin embargo, cuenta con un corazón fuerte que le aplaude en la cara cada vez que se duerme.

 

 

Nota de la autora: Este proyecto, el Club de Cocina y Vinos surge de una idea que nació muy adentro mío, con el objetivo principal de acercar el vino a las personas, y las personas al vino. En una época de mucha información y desinformación, de mucha confusión y tecnología, soñé con un lugar más tangible, concreto, donde aquellos que quieran aprender a cocinar en casa y saber más de vino, puedan hacerlo de la mano de alguien que quiere compartir sus conocimientos… Con el objetivo de preservar aquellas recetas de la abuela, aquellos aromas a comida casera, el sonido de un vino al ser despojado de su corcho, el comedor impregnado con el aroma que se desprende de las copas llenas de vino… Que se vacían y se vuelven a llenar, con la excusa de que siga la charla y el encuentro perdure en la memoria de cada uno de los presentes.

Segunda nota (aclaratoria) de la autora: Un Enólogo viajero o travelling Winemaker es un Enólogo o estudiante de Enología (o mero aficionado a la profesión) que dedica una cierta cantidad de años a viajar por el mundo trabajando en la cosecha de uva para elaborar vino en diferentes bodegas. Durante los últimos 5 años, yo fui una travelling Winemaker, teniendo la oportunidad de aprender de los distintos estilos y filosofías de vinificación en países como Nueva Zelanda, Australia, Italia, Alemania, California y Chile.

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