I (L) Pinot Noir

Pinot, Pinot, Pinot… 

Debo confesarles algo: Mi variedad favorita no es la Pinot Noir -es la Cabernet Sauvignon… Al menos en cuanto a las tintas se trata; la Riesling, en cambio, es mi blanca predilecta. Ya les contaré en otro posteo por qué.

Pero la realidad es que la vida me ha llevado por caminos llenos de Pinot: Nueva Zelanda, a donde fui porque mi pareja en su momento quería ir (y bueno, me sacrifiqué…); California, donde en realidad vinifiqué más Cabernet y Merlot que Pinot, pero sí aprendí mucho a partir del wine tasting en bodegas, principalmente en las zonas de Los Carneros, Sonoma y Russian River; Chile… Bueno, ese año (2016) nos perjudicó mucho la lluvia, pero también probé mucho Pinot Noir chileno…

Y bueno, cuando volví a Argentina me encontré de repente con un perfil renovado de esta cepa, al menos contrastándolo con el recuerdo que tenía de mis años dedicándome a la Sommellerie… Más que renovado, sentí que finalmente le estaban dejando ser: Elegante, ligero, frutado, fresco, de menor grado alcohólico. Y en mi humilde opinión, creo que ello constituye un paso enorme para nuestra vitivinicultura e industria vínica.

Porque, ¿Qué pasa con esta variedad? En mi experiencia, es una cepa muy delicada. De piel muy fina y racimos apretados, el gran (y usual) riesgo que tiene es que, tras una lluvia, o presencia de mucha humedad en el viñedo, se llene de hongos y la calidad se vaya por la borda… Por eso, para esta cepa, el año de cosecha es un dato muy importante a tener en cuenta! Lo bueno es que es una cepa de maduración temprana, por lo tanto no hay que esperar tanto tiempo para cosecharla, como sí sucede en la mayoría de las otras cepas tintas. Así que una vez cosechada y adentro de la bodega, podemos volver a respirar! Sin embargo, hasta que eso sucede… Pueden pasar muchas cosas.

Asimismo, es una cepa muy antigua, y por lo tanto existen muchos clones disponibles, cada uno con características diferentes y que se adaptan a terrenos diversos. Además de ello, es una variedad de uva que se presta para una gran variedad de estilos de vino, gracias a su acidez y elegancia: Es base de muchos espumosos (siendo Champagne el líder y pionero), así como de muchos rosados y tintos, con maceración carbónica o sin pero con una importante maceración prefermentativa…

Lo más difícil, eso sí, es lograr buenos rosados de Pinot, ya que una de las estrategias enológicas que se lleva a cabo para lograr un buen color es justamente macerando por varios días la uva en su jugo (hasta donde he visto yo, 6-7 días) a baja temperatura, antes de que arranque la fermentación … Y para hacer vino rosado, este paso por supuesto se evita y la fruta se prensa enseguida. Y ello hace que las probabilidades de que el color no perdure en el tiempo, de que «caiga», son muy altas. Pero bueno, como no tengo experiencia en el tema, lo dejaré aquí.

El Pinot de la foto es de una zona muy linda y poco conocida de Australia: Orange, en Nueva Gales del Sur, a unas pocas horas de Sydney… Fui con unos amigos en 2018 quienes, al saber que iba de visita, planificaron un wine tour por aquella zona. Fue así como terminamos visitando De Salís Wines y me quedé hablando un rato con los productores, quienes de repente se mostraron muy interesados en saber mi opinión en dos de los Pinot Noir que habían hecho: Uno con Maceración carbónica y otro sin… Y me terminaron regalando esta botella, para que la pruebe en 2020. Y así fue que la guardé… Y la disfruté en cada sorbo: Exquisito. Era literalmente una seda, la definición de elegancia hecha vino. Un vino hermoso como hacía mucho que no probaba…

Salú!

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