Fla-vo-noi-des

Ahora, se habla mucho de los antocianos, y del color del vino tinto x, y mirá! Que es violáceo pero no, porque yo lo veo rubí, y que ello es porque los antocianos…

Y los vinos blancos, qué? Acaso, no presentan color también? No nos detenemos (bueno, a veces no, entiendo… Cunde la sed!) a apreciar el color de un vino blanco luego de que haya sido servido en nuestra copa, antes de empezar a tomarlo?

Bueno, respondiendo a la segunda pregunta: SI! Tienen color. Porque las uvas de las cuales proceden lo presentan. Sin embargo, en el caso de las variedades blancas, las sustancias responsables de su color amarillo, son los flavonoides, que se encuentran en el hollejo (= piel), principalmente en la epidermis (= parte interna de la piel). Ojo! Las variedades tintas también contienen flavonoides, pero pasan a un segundo plano respecto de los antocianos, responsables de su famoso color rojo-púrpura de los consecuentes vinos tintos.

Los flavonoides «pasan» a los vinos a partir del prensado y maceración de las uvas durante la elaboración del vino (tema que ya hablamos aquí), motivo por el cual la concentración de esta sustancia es mayor en el vino que en las uvas o cualquier otra fruta. Además, no sólo contribuyen a la formación del color del vino sino que también influyen en las sensaciones táctiles en boca…

La molécula de los flavonoides se caracteriza por estar formada por varios anillos que hacen que, dependiendo de su configuración, puedan adquirir cuatro formas básicas: flavonas, flavonoles, flavanonas y flavanonoles -qué quilombo de nombres, lo sé.

Sin embargo, quédense nomás con el de los más abundantes: Con los flavonoles, que están presentes tanto en los hollejos de las variedades tintas como de las blancas. Los flavanonoles y las flavonas, en cambio, se encuentran en el hollejo de las uvas blancas solamente, y suponen todos ellos un 5% de los compuestos fenólicos contenidos en los hollejos.

Qué son estos flavonoides entonces? Son un grupo diverso de fitonutrientes (químicos vegetales) que se encuentran en muchas frutas (incluyendo la uva, como vimos), en verduras y en especias. Son en parte responsables de sus intensos colores, y existen hasta 6.000 tipos de flavonoides (locura total!!).  No me quiero meter en el tema de salud, pero si buscan pueden encontrar que hay muchos beneficios ligados al consumo de alimentos con estos compuestos, que además de colorear nuestro entorno, ayudan a mejorar nuestra salud.

Algunos de esos alimentos son: Brócoli, puerros, cebollas, manzanas, té verde, cacao, cítricos en general, apio, perejil, arándanos, ciruelas.

Así que ya sabés: La próxima vez que te encuentres con un vino blanco, sabé que en su constitución va a tener muchas de estas moléculas llamadas flavonoides 😉 Y que, porque no tenga antocianos, significa que haya que discriminarlos. Apreciemos su color, que no es ni más ni menos que un regalo de la naturaleza.

Salú!

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