CUARENTENA – DIA CUALCA

La semana pasada tuve la chance de ir hasta Bodega AlEste, en Médanos, a 45km de la ciudad de Bahía Blanca. Digo tuve la chance, porque en los inicios de la cuarentena, aún era un poco confuso el tema de la documentación obligatoria (al menos para mi caso). Además, quería primero asegurarme de estar sana para poder ir…

La cuestión es que, luego de la ronda de degustación habitual de los vinos y de hablar algunos temas, me llevé una botella del Chardonnay 2017 que Dani (el dueño) me dio directamente del tanque, para que probara tranquila en casa y, de paso, volviera a chequear.

Al final lo terminé probando dos noches después, y me sorprendí gratamente: Estaba muy bien! Fresco en nariz y en boca, esto es: Sin señales de oxidación ni deterioro cualitativo. Pude percibir aromas frutales y florales, con unas notas puntuales a té verde y cítricos. En boca estaba muy rico de tomar, acidez balanceada, buen volumen, un final apenas amargo, típico de esta variedad de uva.

Y por qué esto me sorprende? Porque es un vino blanco que ya cumplió 3 años y nunca vio la madera, en ninguno de sus formatos. Estuvo todo el tiempo en el mismo tanque de acero inoxidable, cuidando la merma o «headspace», como se dice en inglés, para evitar oxidaciones rápidas y dañinas.

 

Y es este aspecto uno de los que más me gusta de la Enología, de hacer vino, que comparte ese costado íntimo con la Naturaleza: Esa capacidad que tiene para sorprenderte, ese costado impredecible, espolvoreado de incertidumbre… Que muchas veces te desvela, pero muchas otras te llena de alegría.

 

Salú!

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