CUARENTENA – DIA 23: La uva en la bodega y ahora qué? Paso VI

Nunca voy a olvidar mi primer día de trabajo en mi primer bodega: Colocando botellas en la línea de embotellamiento en un proyecto vitivinícola familiar al noreste de Italia, en la región del Friuli. La verdad? Me quería matar. Tenía 23 años, había hecho apenas año y medio de la carrera de Enología y Viticultura en Mendoza, y ahí estaba, del otro lado del charco (que por primera vez cruzaba sola) sacando botellas de los pallets y colocándolas en la máquina. Y así sucesivamente como por 10 horas!

En fin, algo anecdótico en verdad, porque aunque al principio me costó un poco adaptarme, después resultó ser una cosecha muy divertida, donde aprendí un montón (incluyendo también algunas palabras en friulano). Lo mejor eran los almuerzos, a las 12 en punto del mediodía: Ni bien sonaban las campanas de la iglesia del pueblo, todos a la mesa! Cosecheros, operarios y cada uno de los miembros de la familia que trabajan para el proyecto. Hasta la prensa parábamos para ir a almorzar! Tremendo. Bellísimo.

Hablar de botellas inevitablemente nos hace pensar en las de vidrio, que hoy están ampliamente difundidas, con sus diseños más clásicos: Bordelesa, Borgoña, Rhin o flauta, y la que se utiliza para espumosos. Sin embargo, si se ponen a buscar en internet, van a encontrar varios modelos más, y de múltiples capacidades, cada una con su nombre.

Sin embargo, no me quiero detener en eso, sino más bien quiero hablar del vino: Cuándo decidimos embotellarlo? En base a qué parámetros? 

Tuve la chance de trabajar en distintas bodegas, y noté distintos lineamientos:

  • En algunas de ellas, el embotellamiento se decide en base a varias variables, como por ejemplo: A los requerimientos y pedidos del mercado, al SOP (al procedimiento operativo estándar de la compañía) para el vino en cuestión, a la capacidad de la bodega (hay que liberar tanques y barricas, pipol!), y también en base a la degustación. Esto último quiere decir: Si cumple con los parámetros sensoriales correspondientes, y el vino está listo para embotellar -y si se puede-, pues se embotella!
  • En otras, se decide esencialmente en base a parámetros sensoriales.
  • Y en otras, se procede siguiendo lineamientos más bien regulatorios.

Así que la pregunta vínica existencialista de «Embotellar o no embotellar?» Es más compleja de lo que uno creería… Además, muchos productores primero buscan asegurarse de que el vino cumpla con los estándares cualitativos que espera hoy el mercado… Porque una vez que el vino está en botella, y tras pasar una cierta cantidad de tiempo en estiba… Bye! Destino final: La mesa de tu casa (o la barra del bar que frecuentás, o la mesa del restó… Pensate el escenario que quieras). Y esa sensación de despedir al vino que tanto cuidaste desde la viña hasta la botella, les confieso que es fuerte… Y eso que aún no tuve la chance de trabajar en un proyecto propio.

El año pasado me encontré con la sorpresa de empezar a ver vinos medios turbios… Algo que, cuando estudiás en la Facu, no se ve. Para nada. Bah, si lo ves, pero como un defecto, ya que nos enseñan que el vino tiene que ser límpido. Sin embargo, al meterme más en el tema, específicamente en el mundo de los vinos naturales, que es donde están presentes estos vinos… No pude evitar sonreír.

En otro post les cuento por qué: Cuando me abra una botella del Subversivo de Canopus que tengo guardada en la cava.

El vino que figura en la foto es un Sauvignon Blanc 2020 de Bodega AlEste, en Médanos, al sur de la Provincia de Buenos Aires. Ya se siente muy rico, pero esperaremos que la magia del tiempo y el frío de invierno hagan su trabajo para pulirlo…

Salú!

Dejar una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Compartir

Copiar enlace al portapapeles

Copiar