• Pseudoensayo sobre el esnobismo •

Según el diccionario de la RAE, esnob es aquella “persona que imita con afectación las maneras, opiniones, etc., de aquellas a quienes considera distinguidas”… o de clase social alta para aparentar ser igual que ellos.

Es la primera vez, debo admitir, que busco la palabra “esnob” en el diccionario y estoy sorprendida. Porque siempre la entendí más bien por el lado del alarde pero nunca desde la imitación.

¿Por qué traigo todo esto a colación? Porque cuando hablamos de vino muchas veces surge esta palabra. En este sentido, guarda un importante parecido con el mundo del arte, del cine y de la música, atravesados también por un evidente factor cultural. Sin embargo, a diferencia de todos éstos, el vino se toma, haciendo partícipe de este modo a todos los sentidos sensoriales. Además, es efímero. Una vez que se termina la botella… adioos! A ver, podés abrir otra y después otra… pero se entiende el punto, no?

Y así es como surge la pregunta iterativamente formulada: ¿Hay que saber de vinos para disfrutarlos? La cual siempre me hace saltar enseguida a otra: ¿Qué necesidad hay de (de)mostrar todo lo que uno sabe?

 

Debo confesar que en algunas ocasiones caí en la tentación de esto último -de (de)mostrar lo que sé, más de lo necesario. Pero me salí ni bien me di cuenta. O al menos lo estoy intentando. Porque comunicar implica hacer saber. E implica hacerlo en la medida y de la manera en que a la otra persona le interese, le sirva, le guste, lo disfrute. No a modo de show off. No a modo de “imitación de las maneras y opiniones de de aquellas personas a quienes considera distinguidas”. Lo auténtico, si no, está en peligro de extinción. Las redes, en este sentido, a veces no ayudan, principalmente cuando se convierten en una vidriera espejada de aquello que queremos ver. Y así… el esnobismo crece, alejándonos de nuestra propia identidad.

Y la gente, al fin y al cabo, quiere tomar vino. Quiere disfrutarlo. Saborearlo. Aprender en la medida en que lo acerque al disfrute, a la apreciación, al autoconocimiento, a la conexión, a la charla, a la compañía.

Concluyo, inicialmente, entonces, que el esnobismo aleja. Al menos, mi relación con el esnobismo fue siempre mala. Nunca pude sobreponerme a quienes se ponían la chaqueta esnob. Y durante bastante tiempo me generó una dualidad interna, porque hay mucho de esto en el mundo del vino. Y considero que no es algo que sume: todo lo contrario, resta, aleja, genera rechazo.

Así que: más humildad, y menos ceños fruncidos y comentarios que sobran y no aportan. Después de todo, estamos tomando cultura. Y la cultura se enseña y se aprende… no se imita.

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